“Como delante de una cámara fotográfica. Ella posa. Y esta pose es como convertirse en estatua por un momento. La vida se mueve continuamente, y ella nunca puede verse realmente a sí misma. (…) Ella no puede conocerse de otra manera que posando: estatua: no viva. Cuando uno vive, vive y no se mira. Conocerse es morir. Ella se mira tanto en este espejo, en todos los espejos, porque no vive; no sabe, no puede o no quiere vivir. Quiere demasiado conocerse y no vive.”

Pirandello

Conocerse mediante el autorretrato ha servido a muchos autores como vehículo de expresión en la búsqueda de la identidad. Y es que, pese a que caben múltiples modos de interpretar el autorretrato, en última instancia éste siempre referencia al propio creador de la imagen.

La fotografía se convierte así en testigo de las descripciones físicas y morales del ser humano, permitiendo mediante dicha búsqueda una mirada tanto externa como introspectiva del individuo, que pueden ayudarle a comprender su proceso de construcción personal desde múltiples referentes.

 

El autorretrato fotográfico, por sus características expresivas, es una muestra de la identidad del artista que lo crea: es un medio de referencia y autorrepresentación. Un modo de expresión de emociones, experiencias y sentimientos, mediante el uso del cuerpo como imagen y soporte, llegando a la identidad a través de la intimidad. Una identidad que se construye a partir de modelos externos dentro de contextos específicos, permitiendo al autor reconocerse como individuo a través del otro. De reflexionar sobre el concepto de identidad a través de la deconstrucción de uno mismo y de la identificación con los demás. De comprender quiénes somos mirándonos en los ojos de otra persona.

 

En su propuesta, Echeverría desarrolla un diálogo múltiple entre la fotografía, su pareja y el espectador. Una búsqueda del yo a través del autorretrato como expresión por excelencia de lo humano; como parte de los esfuerzos en investigar en su personalidad y su proceso de vida. Mientras la figura femenina se erige como eje central de sus distintas series, la autora indaga en su identidad otorgándole múltiples roles a su pareja, que conforman su autoimagen. Representada mediante el cuerpo desnudo, liberado de cualquier tipo de moda u estereotipo, y en donde la naturaleza parece imponerse sobre la modelo, ésta es reducida a una presencia prácticamente anónima.

 

Y es que, tal vez, ella no pueda conocerse de otra manera que posando a través de otra persona que le ayude a comprender quién es.

 

Álvaro Escriche